5. marzo 2026
¿Qué es el dolor crónico?
El dolor crónico es una de las peores situaciones que tiene que sufrir una
persona y es el síntoma que con mayor frecuencia motiva una consulta médica.
Según los datos del Sistema Nacional de Salud, unos de cada tres españoles sufren
algún tipo de dolor crónico, por lo que se convierte no sólo en una tragedia para la persona
que lo sufre, en un problema de salud pública.
La definición más aceptada actualmente de dolor es de la Asociación Mundial para el
Estudio del Dolor (IASP, 1979): “es una experiencia sensorial y emocional desagradable,
asociada con un daño tisular, real o potencial, o descrita en términos de dicho daño”.
Se acepta que el dolor crónico es aquel que persiste mucho más que el tiempo
normal de curación previsto, no habiéndose resuelto con los tratamientos efectuados cuando
se tiene una expectativa de que esto ocurra. También se define como el dolor que dura más
de 6 meses, aun habiéndose realizado los tratamientos adecuados. Cuando el dolor crónico
no está asociado con el cáncer o el SIDA se denomina Dolor Crónico Benigno. El dolor
crónico, a diferencia del agudo no posee una función protectora y más que el síntoma de
una enfermedad, es una enfermedad en sí mismo. La sensación del dolor comprende dos
componentes distintos: un componente discriminativo sensorial y un componente afectivo.
(IASP, 1979)
En la literatura científica existe un gran consenso a la hora de considerar el dolor
como un fenómeno complejo y multifactorial que depende de la interacción de factores
fisiológicos, psicológicos y socioculturales.
En el dolor crónico, el dolor sigue persistiendo después de que la lesión haya
desaparecido, y esto ocurre porque se han producido cambios en la función del sistema
nervioso central, lo que se ha llamado neuroplasticidad. Estos cambios en la actividad
cerebral se han relacionado con diferentes factores psicológicos.
Cuando el dolor se hace crónico puede tener un impacto devastador en todos los
aspectos vitales de la persona que lo sufre:
Socialmente, porque se tienen que disminuir las relaciones sociales con amigos y
allegados.
Laboralmente, puede llegar a afectar a la capacidad de trabajar, produciendo un
sentimiento de inutilidad y problemas económicos.
En las relaciones de familia y de pareja, porque no se pueden cumplir las
expectativas de nuestros seres queridos.
Un dolor crónico llega a hacer que las personas se planteen el para qué y el
porqué de la vida. Normalmente tenemos la experiencia de que el dolor es pasajero y
controlable; pero cuando aparece un dolor resistente, que no se pasa, nuestra concepción
del mundo se tambalea. Surge entonces la necesidad de construir una nueva en la que
tenga sentido la existencia de un dolor que no se puede evitar y en la que podamos dar
cabida a:
Sensaciones corporales incontrolables.
Limitaciones en la capacidad corporal.
Pérdida de contacto social.
Problemas laborales que pueden incluir incertidumbre económica, etc.
La labor del psicólogo se centra en trabajar terapéuticamente todos estos aspectos del
dolor para mejorarlo y hacerlo más soportable.
Por lo tanto, lo primero que tendríamos que tener en cuenta es prestarle atención a
nuestro dolor para que no se convierta en crónico. Acudir al médico lo antes posible y
buscar un diagnóstico.
Si por desgracia nos enfrentamos a un diagnóstico de dolor crónico es importante actuar
lo más pronto posible: buscar atención médica y psicológica, intentar seguir una buena
dieta, pedir ayuda a nuestros seres más cercanos. No pierdas la esperanza, tienes que
afrontar un problema importante, pero la investigación nos acerca cada día más a
tratamientos innovadores para aliviar este dolor.
